Incineradoras de residuos: ¿fuente de energía o amenaza ecológica?

nov 27, 2013   //   by lodosmurcia   //   Medioambiente, Noticias, Residuos  //  Comentarios desactivados en Incineradoras de residuos: ¿fuente de energía o amenaza ecológica?

  • España cuenta con 10 plantas en activo que producen electricidad con la quema de basura

  • El Gobierno valenciano ha anunciado la construcción de una red de incineradoras

  • Aseguran que es un sistema seguro e inocuo para el medio ambiente frente al vertedero

  • Los ecologistas critican su elevado coste y denuncian riesgos ambientales

La incineradora de Zabalgarbi, a pleno rendimiento.

La incineradora de Zabalgarbi, a pleno rendimiento. IÑAKI ANDRÉS

Con los vertederos próximos a su colmatación en buena parte de España, la incineración regresa a la primera línea como alternativa para el tratamiento de residuos urbanos. En la actualidad, a lo largo de la geografía nacional, continúan operativas diez plantas de valorización energética, pero esta cifra podría aumentar sustancialmente en los próximos años.

El nuevo Plan Integral de Residuos (PIR) aprobado por el Gobierno valenciano prevé la construcción de toda una red de estasfactorías capaces de generar (y vender) electricidad además de reducir el volumen total de desechos que terminan sus días en un vertedero. La propia Unión Europea, en la Directiva Marco de Residuos, antepone la valorización energética a esta última opción. Aunque la reducción, la reutilización y el reciclaje continúan siendo prioritarias en la nueva jerarquía comunitaria en la gestión de residuos.

Suecia, el país que más recicla de la UE dispone de 32 plantas de valorización energética

A pesar del rechazo frontal de los grupos ecologistas, la apuesta de las administraciones por estos modernos crematorios de basura urbana es firme. «Sencillamente, estamos enterrando combustible», afirma sin tapujos el director general de Calidad Ambiental de la Generalitat Valenciana, Vicente Tejedo. E insiste:«Suecia, el país de los 27 que más separa y recicla, tiene 32 plantas de estas características». De hecho, la valorización energética es un sistema habitual y consolidado en buena parte de Europa Occidental.

Tejedo, que además de político es ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de Valencia, asegura que la incineración de residuos no está reñida, ni mucho, con la recuperación de materiales. «De todos los desperdicios que terminan en la basura siempre hay una fracción no valorizable», explica. Es lo que se conoce en el argot técnico como rechazo, el combustible que alimenta estos hornos.

El resto, lo aprovechable, se recupera (al menos sobre el papel) en las plantas de selección y separación de desechos tras una serie de procesos físicos y mecánicos. Se trata fundamentalmente de hierro, aluminio, papel, cartón, plástico, pilas y, sobre todo, materia orgánica (aproximadamente el 45% de la bolsa de basura), que se destina al compostaje para la obtención de abonos naturales.

Enterrando combustible

¿Pero cuál es la composición del rechazo? Según explica el director general de Calidad Ambiental, alrededor del 40% corresponde aplástico no reciclable; entre 30-35% a papel y cartón sucios y por tanto no aprovechables; y un 10-15% a trapos y maderas. «En total, el poder calorífico supera las 2.500 kilocalorías por kilo», precisa. Suficiente como para generar energía eléctrica.

Aprovechan desechos que no pueden ser reutilizados para crear electricidad y calor

Y es que la quema de estos materiales en el horno provoca que el agua que circula por las tuberías de la caldera se transforme en vapor a mucha presión, capaz de mover una turbina y producir electricidad. No obstante, durante el proceso combustión también se crean gases tóxicos con partículas nocivas. Antes de ser liberados a la atmósfera pasan, sin embargo, por una unidad de depuración para garantizar la seguridad de las emisiones.

«Hoy la tecnología permite que no se contamine nada con esta actividad», precisa Tejedo, quien recuerda que ciudades como Viena o Berlín cuentan en sus núcleos urbanos con plantas de valorización que, además de producir energía eléctrica, suministran calefacción a sus ciudadanos. Más próximo es el ejemplo de lafactoría de Sant Adrià de Besòs, junto a la ciudad de Barcelona, que suministra energía a 130.000 ciudadanos de su entorno.

Estos argumentos no convencen a los ecologistas que han denunciado reiteradamente la emisión de compuestos contaminantes. «Sospechamos que los gestores saben cuando van a pasar los controles y que es entonces cuando intensifican la seguridad», precisan desde Greenpeace. «Pero incluso si se cumpliera la normativa a rajatabla, sus chimeneas liberan gases tóxicos que aunque en cantidades mínimas se van acumulando».

Normativa restrictiva

Lo cierto es que la normativa comunitaria es muy restrictiva respecto a las emisiones de las incineradoras, especialmente en lo que respecta a las dioxinas y furanos, dos partículas cancerígenas resultantes de la cremación de materia orgánica.

Sin embargo según el criterio de los técnicos se trata de un riesgo residual ya que, en teoría, si se ha efectuado un correcto proceso de selección de basura, los hornos no emplean materia orgánica como combustible (se destina a compost) y además operan por encima de los 800 grados, a temperaturas que acaban por completo con este tipo compuestos químicos.

Las altas temperaturas del horno destruyen compuestos tóxicos como las dioxinas

Pero ni siquiera la incineración está libre de desechos peligrosos: una parte rechazo que accede a los hornos termina reducido a cenizas (alrededor del 15 o 20% del peso, según los técnicos; hasta un 30% según Greenpeace). Estas escorias requieren de vertederos específicos (y de seguridad) para su almacenamiento, aunque en los últimos años también se han desarrollado técnicas de aprovechamiento, tal y como detallan desde la Generalitat: «Actualmente se utilizan para hacer áridos artificiales que se usan posteriormente para construir carreteras o se vitrifican para hacer vidrios que podrían destinarse, por ejemplo, a la decoración de jardines».

Aunque el Plan Integral de Residuos de la Comunidad Valenciana ya se ha aprobado formalmente, la ejecución y puesta en marcha de las plantas de valorización energética se erige en un proyecto a medio plazo. Y es que sólo su tramitación administrativa podría demorarse varios años.

Antes el Gobierno autonómico deberá definir cuántas instalaciones son necesarias, así como su ubicación, para lo que seguirá el criterio de los técnicos en un nuevo plan que aún debe desarrollarse.

El director general de Calidad Ambiental no oculta, en cualquier caso, que la ciudad de Valencia y su área metropolitana, con 800 toneladas de basura al año, necesitará al menos una de ellas. El objetivo es que esta planta, al igual que las restantes, puedan estar listas en 2020 cuando el Consell estima que los vertederos llegarán a saturarse.

No será fácil puesto que la oposición y los diversos grupos ecologistas amenazan con plantar batalla, incluso en los tribunales. En ambos sectores arrecian las críticas, aunque son los activistas quienes lideran esta batalla.

Ecologistas en Acción define la valorización energética como «la peor y más cara» de las técnicas de gestión de residuos. En la misma línea se pronuncia Julio Barea, responsable de la campaña de Energía de Greenpeace, que hace hincapié en el elevado costeque supone la construcción y su escasa eficiencia en la producción eléctrica, por debajo del 30%.

Los ecologistas se oponen

Greenpeace y otros grupos ecologistas censuran este sistema de tratamiento de residuos que, sin embargo, está avalado por la Union Europea. En la imagen, activistas de Greenpeace en la incineradora de Mallorca en 2008.

«Las incineradoras son la solución más cara. Una trampa. Cuesta mantenerlas, son muy contaminantes y generan menos puestos de trabajo que cualquier otro sistema de tratamiento», explica.

Según Barea, la valorización energética, en plena crisis del ladrillo, se ha convertido en un negocio refugio para las grandes constructoras, que a menudo participan como adjudicatarias de estos servicios. » Y los políticos se han dejado seducir», insiste.

Los ecologistas cuestionan abiertamente la rentabilidad de unas instalaciones que tras las últimas reformas ya no pueden vender la electricidad en condiciones tan ventajosas (hasta ahora la producción y venta de energía estaba primada). Pero sobre todo alertan del elevado coste de construcción, que han de sufragar los consumidores a través de la tasa de basuras.

Una planta para 200.000 toneladas al año cuesta alrededor de 150 millones de euros

Desde el Consell, sin embargo, se asegura que la inversión necesaria para disponer esta tecnología se ha reducido en los últimos tiempos ycifran en alrededor de 150 millones de euros el precio de una planta de valorización energética capaz de tratar 200.000 toneladas al año.

De acuerdo con el principio de responsabilidad medioambiental de la UE («el que contamina, paga»), Vicente Tejedo reconoce que la financiación de estas instalaciones debe recaer íntegramente en los ciudadanos. No obstante, la fórmula de la concesión administrativa (las plantas son públicas pero su gestión es privada) puede reducir su impacto en el recibos. De ahí que las adjudicaciones se efectúen a largo plazo.

Temor al ‘anti reciclaje’

En Acció Ecologista Agró prefieren analizar el origen del problema. ¿Por qué son necesarias ahora las incineradoras? La pregunta, como es obvio, es retórica y la responde uno de sus portavoces, Miquel Aguilar: «Los vertederos se llenan porque las plantas de separación y reciclaje de residuos funcionan malEse es el gran fracaso«.

Según la memoria del Consejo Económico y Social de 2011, las plantas de valorización arrojaron al vertedero el 68% de toda la basura que entró por sus puertas, casi 1,4 millones de toneladas, lo que deja en evidencia la eficiencia del actual sistema de separación y recuperación de desechos.

«El motivo principal es que no se recoge la basura de forma separada«, apunta Aguilar, que critica la falta de ambición de las administraciones para mejorar estos índices. «El propio PIR de 2013 establece como objetivo recuperar el 9% de toda la basura que entra en planta».

Afirman que las plantas alemanas están sobredimensionadas e importan basura

En la misma línea, Julio Barea, de Greenpeace, expone la paradoja del caso alemán, con plantas sobredimensionadas precisamente por su eficacia en el reciclaje : «Tienen muchas incineradoras, pero se ven obligados a importar basuras de otros países porque sus ciudadanos hacen los deberes, separan los desperdicios y se recuperan gran parte de los materiales aprovechables».

En Palma de Mallorca, apunta, se produce un caso similar: «Allí tienen una súper planta y no saben qué quemar». Y es que, a consecuencia de la crisis, el volumen de basura ha caído en picado. En la Comunidad Valenciana se ha pasado de recoger tres millones de toneladas a poco más de 2,250.

Para Aguilar, la disyuntiva es clara. O se apuesta por la reutilización y el reciclaje o por la incineración. ¿El motivo? «Para que los hornos funcionen bien y alcancen la temperatura adecuada se necesita un alto poder calorífico, es decir, combustible». O basura. Por ejemplo, los plásticos, que como derivados del petróleo, acreditan un importante poder calorífico.

¿Para qué reciclar si es más cómodo quemar los residuos? se preguntan los grupos ecologistas. «Con una buena gestión, se podrían recuperar el 90% de los desechos», estima Barea. Todos ellos temen que la valoración energética pueda reducir a cenizas los avances en materia de concienciación ciudadana efectuados en las dos últimas dos décadas. El debate sobre esta técnica está servido: ¿Un símbolo del anti reciclaje o una oportunidad para combatir el problema de las basuras?

via: elmundo.es

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